Modelo Educativo



El ser humano no fue creado perfecto sino perfectible, dotado de potencialidades que deben ser actualizadas; de ahí que el hombre es un ser esencialmente educable.

Es así que la educación se presenta como un proceso que tiene por objeto perfeccionar al ser humano en todas sus dimensiones: físicas, psicológicas, intelectuales, morales, sociales y religiosas, para desarrollar en él una infraestructura de conocimientos, destrezas y hábitos mentales y morales, que le permitan enfrentar con rectitud e inteligencia el mundo que lo rodea.

Por lo anterior, el Instituto Juventud reconoce a la educación como el proceso de perfeccionamiento intencional de las facultades específicamente humanas, es decir, la inteligencia y la voluntad.
Entendemos por voluntad educada aquella que es capaz de obedecer a la inteligencia, dado que se inclina por el bien que es conveniente a la naturaleza humana y que por ello contribuye al perfeccionamiento de la persona.

Asimismo, una inteligencia formada es capaz de conocer la esencia de las cosas y lograr que la persona se relacione de forma sana con la realidad; es decir, convertir a la persona en un ser comprometido con la verdad.

Dado que ambas facultades no pueden actuar una al margen de la otra sino en una estrecha unidad, decimos que una inteligencia y una voluntad educadas dan por resultado una personalidad fuerte y madura, que se caracteriza por un pensar claro y un querer firme.